La llamaban Lady Chaplin…
aunque lo más peligroso que había hecho en su vida era colarse en velorios para merendar gratis y acabar haciendo reír a la familia del difunto.
El apodo apareció el día que decidió pintarse un pequeño bigote sobre el labio para ir a una fiesta del barrio.
La gente pensó que era una broma.
Ella dijo que no.
—“La gente aburrida envejece más rápido.”
Y nunca volvió a quitárselo.
Vivía en una casita llena de plantas, abanicos imposibles y pendientes tan grandes que parecían antenas para captar chismes del vecindario.
Cada mañana se levantaba temprano, se pintaba los labios de fucsia y se ponía sus gafas amarillas gigantes porque decía algo muy serio:
—“Si la vida me va a mirar… que al menos me vea fabulosa.”
Las vecinas pensaban que estaba un poco loca.
Y ella estaba completamente de acuerdo.
Porque mientras muchas personas se empeñaban en esconder las arrugas, ella las llevaba como medallas de guerra.
Cada línea de su cara tenía una historia:
una carcajada,
un amor que salió mal,
una noche bailando sin zapatos,
o una vez que casi se fuga con un cantante de salsa en 1978.
Nunca tuvo miedo de hacerse mayor.
Le daba más miedo volverse aburrida.
Por eso mezclaba colores imposibles, usaba flores enormes en la cabeza y llevaba aquel pequeño bigote con más elegancia que muchos llevan una corbata.
“Total”, decía,
“la juventud se va… pero el sentido del humor debería quedarse.”
Un día una niña le preguntó:
—“¿Y tú por qué llevas bigote?”
Ella se agachó despacito, le acomodó una trenza y respondió:
—“Porque hay demasiada gente intentando parecer correcta… y muy poca intentando ser feliz.”
Desde entonces, en el barrio empezaron a pasar cosas extrañas:
las mujeres se pusieron más color,
los hombres comenzaron a reírse más fuerte,
y hasta la panadera se atrevió a usar pintalabios rojo un martes cualquiera.
Porque aquella mujerona tenía un poder raro:
hacía que la gente dejara de esconderse.
Y aunque muchos pensaban que era extravagante…
la verdad es que era libre.
Y eso, querida, siempre llama muchísimo la atención.







