Lena Bauer, reina del caos
Lena no envejeció: fermentó.
Nació en un pueblo alemán donde todo parecía decidido de antemano:
mujeres calladas, domingos en orden, vidas sin preguntas.
Allí le enseñaron a no molestar
y a servir cerveza como quien sirve un destino ajeno.
Hasta que se cansó de vivir con correa.
Empezó a fabricar cerveza artesanal porque no supo fabricar silencio.
Intentó ser buena, prudente, pequeña.
No le salió.
Montó su primera fábrica con lo que tenía:
ollas viejas, lúpulo, levadura
y una rabia que pedía futuro.
La llamó “La Desobediente”.
Sus primeras botellas sabían a descubrimiento:
a besos que abrieron ventanas,
a caminos fuera del mapa,
a romper lo correcto
para escuchar lo verdadero.
Dicen que es la reina del caos
porque entra en los sitios sin agachar la cabeza
y su personalidad es arrolladora,
como el primer trago que despierta.
Su cerveza es honesta,
imperfecta,
difícil de olvidar.
Cuentan que quien la bebe deja de ser dócil:
manda al carajo un par de mentiras,
baila con sus errores
y entiende que la vida
no es un castigo,
es una fiesta con resaca.
Lena lleva guantes
para no tocar la vida con miedo.
No vende cerveza.
Vende coraje.
Coraje para vivir sin correa,
para equivocarse y seguir,
para no ser buena,
sino libre.
Lena Bauer brinda por todas,
por las que llegaron tarde a casi todo
menos a sí mismas.





