Perro 02

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 Manifiesto de un Perro

Hola.
Soy un perro.
Y este es mi manifiesto. O algo así… no sé bien qué significa esa palabra, pero suena importante.
Así que me senté. Y me quedé quieto. Y puse mi cara de «soy muy listo».
Porque si esto se trata de mí… ¡pues vamos allá!

Primero lo primero: te amo.
No sé cuándo te conocí, pero desde ese momento te amé. Tal vez fue cuando me diste comida. Tal vez fue cuando me dijiste “¡muy bien!” por hacer pipí en el lugar correcto. Da igual. Fue amor a primera olida.

No necesito muchas cosas. Solo tu atención, tu comida, tu sofá, tu cama, tus zapatos viejos, tus calcetines sucios, tu compañía, tu eternidad y un palito.
Ah, y si ese palito lo lanzas… y luego lo tiras otra vez… y otra… y otra… te amaré aún más. Aunque, la verdad, no entiendo por qué lo lanzas si yo lo acabo de traer. Pero bueno, ¡yo juego!

Tengo varias habilidades especiales. Por ejemplo:

  • Oigo cuando abres una bolsa de snacks desde el otro lado del planeta.
  • Sé exactamente cuándo estás triste, aunque sonrías.
  • Detecto a los carteros con un sexto sentido (y un poco de ladrido).
  • Y me reconozco en todas tus fotos, aunque tú digas que “salgo movido”.

Sí, sé que no siempre soy fácil.
A veces salto sobre las visitas. A veces persigo sombras. A veces me como cosas que no debería (como ese cojín que gritaba “muérdeme”).
Pero nunca lo hago con maldad. Es solo que… ¡estoy lleno de energía, de amor, y de ganas de vivirlo TODO!

Cuando te vas, muero un poco por dentro.
Y cuando vuelves, renazco como si fuera el primer día del resto de mi vida.
No importa si fueron cinco minutos o cinco horas: te recibo como un héroe. Porque para mí, lo eres.

No tengo filtros. Ni máscaras. Ni rencor.
Si me gritas, me achico. Si me acaricias, me derrito. Si me ignoras, me acerco. Si me miras, te muevo la cola con toda la alegría del universo.

Dicen que los gatos son elegantes, misteriosos, superiores.
Y yo… bueno… yo me tiré un pedo y me asusté solo.
Pero mira, ¡yo soy auténtico! Soy puro corazón. Soy torpe, soy divertido, y soy el que se acurruca contigo cuando nadie más lo hace.

Mi concepto de “espacio personal” es… inexistente.
Si tú estás en el baño, yo también. Si tú estás en la cama, yo también. Si tú estás en una llamada importante, yo ladro al aire, porque me parece un gran momento para charlar.

No soy un perro perfecto. Pero soy tu perro.
Y en mi cabeza, tú tampoco eres perfecto. ¡Eres mucho mejor! Eres mi universo.
Si pudiera escribirte una carta, diría:
«Gracias por quererme con mis patas sucias, mis pelos en el sofá y mi cara de bobo.»
Pero como no sé escribir (aún), solo te lo digo con lametones y miradas profundas mientras tú comes algo que claramente podríamos compartir.

Y si un día me ves viejo, más lento, más dormilón… no pienses que estoy triste. Estoy agradecido. Porque he vivido una vida buena, contigo.
Y eso es más de lo que muchos pueden decir.

Así que este es mi manifiesto:
Llévame contigo. Juega conmigo. Quiéreme mucho.
Y nunca olvides que, para mí, tú eres todo.

Ah, y una última cosa…

Si me das un trozo de queso ahora, este texto será oficialmente el mejor del mundo.

Firmado:
Tu perro (el mejor perro del mundo, por cierto)